Ion Grigorescu

(Bucharest, 1945)

STATEMENT

[ENG] Since 1967, using formats such as photography, collage, video or performance, Grigorescu's pieces show unorthodox points of view that weaken the inflexibility of the collective imaginary and the discourses that construct memory and identity.  He has developed an artistic practice that reacts to a tumultuous socio-political context, emphasizing the consequences it has on an individual, psychological level. While always including a reflection on the position of the artist, other constant characteristics in his work are: the body, self-criticism and the question of the social relevance of art and private life, what one could describe as an anti-art, where life and art practice unite.

Ion Grigorescu’s art-making evinces a profound affinity with the ruin; his works are endowed with a ruin-like quality, in the sense that their precarious materiality and the concept they embody are closely intertwined. For Ion Grigorescu the ruin, both in its meaning and outward appearance (his works can take the shape of fragments on the point of disintegration, inconspicuous interventions and leftovers from the everyday environment or recovered detritus from demolished houses) is in keeping with his stance as an artist. Grigorescu’s artistic practice is marked by an inner contradiction, for although his art is often built on negation, he nevertheless seeks to achieve a unification of art and life, thus expressing a commitment to this tenet, that has been so central for the avant-garde. The impulse to free art from its limitations was also inspired by the example of Joseph Beuys, who saw himself as simultaneously artist and non-artist, and for whom “everything was art, and every aspect of life could be approached creatively, with a sense of inventiveness and ritual”. Indicative of this influence are numerous photographs that depict Ion Grigorescu being involved in everyday activities, which are invested by him with a ritualistic dimension.

 

[CAST] Desde 1967, empleando la fotografía, el collage, el video, la instalación y la performance, Grigorescu muestra en sus obras puntos de vista poco ortodoxos, para debilitar la rigidez del imaginario colectivo y de los discursos que construyen la memoria y la identidad. Ha desarrollado una práctica artística que reacciona a un contexto socio-político convulso haciendo hincapié en las consecuencias psicológicas individuales. Incluyendo siempre una reflexión respecto al posicionamiento del artista, algunas de las constantes en su itinerario artístico son: el cuerpo, la auto-crítica y las cuestiones sobre la relevancia social del arte y la vida privada, lo que podría describirse como un anti-arte, donde la vida y la práctica artística se unen.

El arte de Ion Grigorescu pone de manifiesto una afinidad profunda con las ruinas; sus obras están dotadas de una calidad semejante a la de las ruinas, en el sentido de que su materialidad precaria y el concepto que expresan están muy entrelazados. Para Ion Grigorescu las ruinas, por su significado y por su apariencia externa (sus obras pueden cobrar la forma de fragmentos a punto de desintegrarse, intervenciones que pasan inadvertidas y restos del entorno cotidiano o deshechos recuperados de casas que han sido demolidas) están en coherencia con su postura como artista. La práctica artística de Grigorescu está marcada por una contradicción interna, ya que, aunque su arte suele construirse sobre la negación, él no deja de buscar una unificación entre el arte y la vida, y expresa así su compromiso con este principio, que fue fundamental para el vanguardismo. El impulso de liberar al arte de sus limitaciones también estuvo inspirado en el ejemplo de Joseph Beuys, quien se veía a sí mismo como artista y no artista de manera simultánea y para quien «todo era arte y cada aspecto de la vida se podía enfocar de una manera creativa, con un sentido inventivo y ritual». Son indicativas de su influencia diversas fotografías en las que aparece Ion Grigorescu realizando sus actividades cotidianas, a las que otorga una dimensión ritual.

 

BIO

[ENG] Ion Grigorescu, born in 1945 in Bucharest where he lives and works, is an iconic figure of performance and conceptual art in Romania. Along with fellow Eastern European artists such as Jiří Kovanda, Július Koller, Mladen Stilinović, or the late Tibor Hajas, Ion Grigorescu is increasingly acclaimed for his role in effectively cultivating resistance, and underground, clandestine art under Communist totalitarianism. As a forerunner of the conceptual and performative use of the body as an artistic medium in Romania since the early 1970s, Grigorescu is also one of the very few Romanian artists who have radically and conceptually illustrated contemporary concerns in perfect synchronicity with his time. Grigorescu has made an invaluable contribution to the shaping of a critical consciousness capable of articulating a genuinely universal critique in rationalist-discursive, performative, and artistic terms.

In 2011 Grigorescu represented Romania at the 54th International Exhibition at the Vennice Biennale. Ion Grigorescu’s work was also exhibited in important shows such as the Venice Biennial 1997, Italy, In Search of Balkania at Neue Galerie in Graz 2002, Austria, In the Gorges of the Balkans at Kunsthalle Fridericianum in Kassel 2003, Germany, the Documenta 12 in Kassel 2007, the Berlin Biennale and Les Promesses du Passé in Pompidou Center Paris 2010, Out of Place at Tate Modern 2011, Transmissions: Art in Eastern Europe and Latin America, 1960–1980 at MoMA (New York, 2015), as well as the retrospective In the Body of the Victim 1969–2008 at Museum of Modern Art, Warsaw curated by Kathrin Rhomberg.

 

[CAST] Ion Grigorescu, nacido en 1945 en Bucarest, donde vive y trabaja, es una figura emblemática de performance y arte conceptual en Rumania. Junto con otros artistas de Europa del Este como Jiří Kovanda, Koller Julius, Stilinovic Mladen, o la tarde Hajas Tibor, Ion Grigorescu es cada vez más reconocido por su papel de manera efectiva en el cultivo de la resistencia, el metro y el arte clandestino bajo el totalitarismo comunista. Como un precursor del arte conceptual y el performativo uso del cuerpo como medio artístico en Rumania desde principios de 1970, Grigorescu es también uno de los pocos artistas rumanos de radicalidad y conceptualmente ilustrados por preocupaciones contemporáneas en perfecta sincronía con su tiempo. Grigorescu ha hecho una valiosa contribución a la formación de una conciencia crítica capaz de articular una crítica auténticamente universal en términos racionalista-discursiva, performativa y artística.

En 2011 Grigorescu representó a Rumanía en la 54ª edición de la Exposición International de la Biennale de Venecia. La obra de Grigorescu también ha sido expuesta en otras exposiciones imporantes tal como la Biennale de Venecia en 1997; In Search of Balkania en 2002 en el Neue Galerie en Graz, Austria; In the Gorges of the Balkans en el Kunsthalle Fridericianum en Kassel, Alemania en 2003, Documenta 12 en Kassel en 2007; La Biennal de Berlín y Les Promesses du passé en el Centro Georges Pompidou en París en 2010; Out of Place en el Tate Modern de Londres en 2011; Transmissions: Art in Eastern Europe and Latin America, 1960–1980 en el MoMA (Nueva York, 2015); y una retrospectiva en In the Body of the Victim 1969-2008 en el Museo de Arte Moderno de Varsovia, curado por Kathrin Rhomberg.